Creo Que | Soy un consumado melómano casi a tiempo completo. Porque si solo tuviera que vivir, escuchando música y leyendo, sería el ser humano más feliz del mundo. Sin embargo, otros detalles mundanos nos apartan de la casi inexistente felicidad.
Generando resumen...
Una lástima, que sean solo momentos fugaces y escasos. Uno tiende a idealizar el paisaje de sus afectos. No soy inmune a la nostalgia.
Recuerdos de vinilos, casetes y viajes con música
Este largo pretexto, me hace recordar que en mi adolescencia lejana, vivía en el asiento minero de Toquepala (Tacna).
Los domingos era la feria, y llegaba el señor Góngora vendiendo los antiguos discos de vinilo o los 45 RMP, con los cantantes de entonces Leo Dan, Camilo Sesto, Javier Solis, o mi ídolo , el español Juan Bau con la eterna “Estrella de David”. Nino Bravo, Jose José y tantos otros que la memoria se niega a recordar.
Mi madre, entre operación y otra, venía a la Ciudad Blanca, y surtía la discoteca con los LPs. Raudo el tiempo, llegó la moda del casette, y aunque eran caros, para mi raleada economía, de cuando en cuando, compraba uno que otro.

Para 1982, aparecen los primeros CDs y con ello toda una revolución en el sonido. De la antigua radiola, al cuadrafónico o los estéreos.
La música en sus diversos formatos, me seguía acompañando, por donde iba como errante Piura, Tumbes, Chiclayo, Trujillo, Huancayo, tiempos distintos con amores lejanos pero con música de fondo.
Vivía en Chiclayo y me animé a comprar mi primer equipo de sonido marca Sony, mil dólares. Una pequeña fortuna. Pero valió la pena. El sonido era excelente, altos, bajos, graves. Como bien dicen los expertos: un sonido limpio. Mis fondos musicales, eran los mismos pero distintos.
Paralelo, fui comprando Cds entre originales y copias, y logré un pequeño tesoro de unos 500 Cds, de ritmos variados. Y ahora con la aparición del Spotify y Youtube, estos se han vuelto inservibles, casi de una época prehistórica.
Entre la modernidad y la memoria
Y los veo una y otra veo, y al principio me negué a darles de baja. Pero la realidad acaba por imponerse, y uno debe ir adaptándose, con el riesgo que le digan vejestorio.
Modernidad le llaman. Igual, me he negado en rotundo a botar muchos, porque son ´parte de mi pasado, y siempre aprendí que los recuerdos puedes esquivarlos pero nunca se van. Se quedan. La música es la banda sonora de la vida.
Debo confesar que la música y los libros, siempre me han acompañado, y cuando vi los abismos, me salvaron, porque nunca traicionan. Uno toca un libro o escucho tal o cual canción y van y van. Nunca se van.
Nunca se agotan, siempre esperan, no como algunos amores que acaban por convertirse en desamores. La música es vida y mientras suene nada muere para siempre.
Al final, la vida es tan corta , y hay que aprender a disfrutar los momentos, aunque a veces la tristeza se empeñe en quedarse, porque los adioses nunca existen, cuando la buena másica y los libros son parte de tu vida, sin ellos no hay vida. Hasta la próxima
