Creo Qué | No retengo y menos recuerdo, la forma exacta como me volví un fiel seguidor del escritor Mario Vargas Llosa. La memoria me traiciona, Mi afición por la lectura, creo que la heredé, de mi abuelo paterno Melecio, quien leía todo, lo que la caía en sus manos.
El autor relata su trayectoria personal como lector, desde sus inicios en el campamento minero de Toquepala hasta su llegada a Arequipa, donde descubrió la obra de Mario Vargas Llosa. A través de anécdotas sobre la adquisición de textos emblemáticos como Conversación en la Catedral en el mercado San Camilo, se resalta la influencia del Nobel en su formación intelectual. El texto rinde homenaje a la disciplina literaria del escritor peruano y la vigencia de sus libros en el estudio personal del cronista. Esta reflexión subraya la importancia de la lectura como una herramienta esencial para comprender la realidad nacional.
- La afición por la lectura del autor comenzó en su juventud en Toquepala y se consolidó tras su traslado a la ciudad de Arequipa.
- El descubrimiento de obras como La Casa Verde y Conversación en la Catedral marcó un hito fundamental en la vida académica y personal del narrador.
- Se destaca el sacrificio económico y la perseverancia realizados para adquirir ejemplares originales del Nobel peruano durante sus años de estudiante.
- El relato exalta la devoción de Vargas Llosa por la palabra, recomendando sus títulos clásicos como piezas clave para entender el contexto peruano.
- El autor mantiene una colección privada de las obras de Vargas Llosa como tributo a su legado y a la disciplina que el escritor profesa.
Desde los 13, 14 o 15 años, en el asiento minero de Toquepala (Tacna), donde viví, no había nada que leer. Al anochecer, esperaba con ansias, el arribo de los diarios, y con las escasas monedas adquiría un par de ejemplares. Nada más.
El tiempo quiso que al arribar a la Ciudad Blanca, mis afanes lectores, me llevaban a leer más textos académicos, y no pocas lecturas, que estaban fuera de mi alcance. Las necesidades materiales de aquellos tristes y lejanos años, no permitían pensar en comprar libros.
El descubrimiento de un maestro
Mis pasos, me llevaban a la antigua biblioteca municipal Ateneo, donde entre unos y otros textos, descubrí por mera casualidad a Mario Vargas Llosa. La Casa Verde, un texto antiguo y desgastado y supongo cientos de veces leído, llegó a mis manos, y comencé a leerlo con fruición, antes que comenzarán mis clases en la universidad.
Fueron varias semanas, que me tomó. A veces, estaba en otras manos. Caí deslumbrado, por el manejo casi magistral del joven escritor, para contar una historia.
Entre ir y venir, descubrí en una vieja librería del mercado San Camilo, un hermoso ejemplar, forrado en bolsa de plástico de Conversación en la Catedral. ¿ Cuanto cuesta? 20 soles joven, miré mi bolsillo casi vacío, creo que tenía 2 soles.
Eran mis pasajes para ir a la universidad. Imposible adquirirlo. Confieso que urdí como robarlo.
A diario, iba a la dichosa librería, solo con mirarlo y que nadie lo comprara era feliz. Para mi, era el único ejemplar del mundo.

Los recuerdos se me escabullen, y cuando luego de muchas penurias, logré reunir los 20 soles, fui directo , con mi bolsa de plástico, y entre tantas monedas, lo compré. Era feliz, tan feliz, como hoy que escribo, estas líneas.
Huelga contar, como pude devorar sus 669 páginas,. Tarde apenas una semana, y en mi estudio, hoy sostengo ese preciado tesoro, entre mis manos y lo acaricio.
Miles de imágenes vuelven de mi azaroso pasado, de aquellos difíciles años, entre tantas carencias materiales , pero nunca cesé de leer a MVLL y otros tantos autores que fui descubriendo con el paso de los años.
Un legado que permanece
En mi pequeño estudio, tengo un “altar” con casi todos los, libros del Nobel peruano, a quien estamos recordando los 90 años de su natalicio. A quien le debo mucho, en especial por su devoción y disciplina con la palabra. “Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida”, lo dijo más de una vez.
Siempre en todos los lugares donde me ha sido posible, he destacado la calidad de su obra, y todo buen peruano, si quiere conocer nuestra realidad, debe acudir a Conversación, La Casa Verde, Pantaleón y las Visitadoras, o ese inolvidable libro de ensayos, La verdad de las mentiras, que dicho sea de paso, lo compré en Ecuador, le presté a un antiguo amor. Nunca me lo devolvió. En medio de la separación nada amistosa. Tuve que adquirir otro.
Mario Vargas Llosa, con sus cenizas en el mar, debe seguir escribiendo, como un poseso, quien entendió que la relación con la literatura es y fue excluyente como el sexo.
Asi es y debe ser la vida que quisimos compartir pero el destino nos alejó. Nos fue ausentando. Mejor sigamos como podamos y vamos asiendo la felicidad que de a pocos se escapa. Nos deja. Hasta la próxima.
