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CORDILLERA DE PALABRAS | Después de la tormenta

CORDILLERA DE PALABRAS | Después de la tormenta, articulo de opinión de Sarko Medina.
CORDILLERA DE PALABRAS | Después de la tormenta, articulo de opinión de Sarko Medina.

Cordillera de Palabras| En enero escribí sobre los árboles y la falta de agua en Arequipa, señalando que era necesario sacarse la modorra y hacer algo más que quejarse. Advertí sobre nuestra vulnerabilidad frente al clima y la necesidad de planes de contingencia, aunque fueran tan simples como tener baldes o un tanque de agua.

Las intensas precipitaciones en Arequipa durante el mes de febrero han provocado cuatro fallecimientos y afectado a más de 4,200 personas, dejando además a 30,000 hogares sin servicio de agua potable. El desborde de la torrentera Chullo y la inundación de zonas como Buena Vista y el terminal terrestre evidencian una falta de prevención estructural pese a las alertas previas del SENAMHI. Ante los daños en viviendas y negocios locales, se promueve la solidaridad ciudadana mediante donaciones responsables y voluntariado físico para la limpieza de lodo. Las autoridades regionales han solicitado la declaratoria de emergencia y recursos económicos mientras se advierte que las lluvias persistirán hasta fin de mes.

  • Las lluvias han dejado un saldo de 4 fallecidos, 1,229 viviendas dañadas y 44 inmuebles declarados inhabitables en la ciudad.
  • El colapso del sistema de agua potable afecta a 30,000 hogares, mientras que el desborde de torrenteras impactó severamente a los distritos de Yanahuara y Sachaca.
  • Se critica la respuesta tardía de las autoridades locales en la descolmatación de cauces y la implementación de planes de evacuación efectivos.
  • Se recomienda a la ciudadanía canalizar ayuda mediante donaciones de artículos de higiene, alimentos no perecibles y el apoyo directo a comercios afectados.
  • El SENAMHI pronostica que las condiciones climáticas adversas continuarán durante el resto de febrero, manteniendo el riesgo para las zonas vulnerables.
Generado con IA a traves de OpenAI. Verifica los datos en el contenido original.
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En aquel momento hablaba de sequía. También en octubre escribí sobre la necesidad de iniciar procesos de limpieza para prevenir las lluvias. El mensaje era claro: Arequipa no está preparada para los extremos climáticos, porque sequía y aluviones nos suceden como en en un círculo permanente.

Hoy, febrero, las lluvias nos demostraron brutalmente que tenía razón. Cuatro fallecidos confirmados, más de 4,200 personas afectadas, 1,229 viviendas dañadas, 44 inhabitables. Las imágenes desgarran: vehículos sepultados en lodo, calles convertidas en ríos, familias sacando agua de sus casas con baldes, negocios destruidos, el terminal terrestre inundado.

PuedesVer

La torrentera Chullo desbordada arrasando Buena Vista y Cooperativa Abogados. Villa Magisterial al borde del colapso. Treinta mil hogares sin agua potable porque el sistema colapsó.

Cordillera de Palabras: cuando la tragedia era previsible

¿Podíamos haberlo previsto? Absolutamente. El SENAMHI lleva semanas advirtiendo. Los meteorólogos anunciaron precipitaciones intensas. Los decretos de emergencia para 699 distritos a nivel nacional ya estaban vigentes desde hace meses. Pero las autoridades en Arequipa, como siempre, actuando cuando el desastre ya estaba encima.

Pero ahora, con el agua todavía escurriendo por las calles, lo urgente no es buscar culpables sino ayudar a quienes lo perdieron todo.
Pero ahora, con el agua todavía escurriendo por las calles, lo urgente no es buscar culpables sino ayudar a quienes lo perdieron todo.

A estas alturas, echarle la culpa a las autoridades es inútil. Sí, el alcalde provincial Víctor Hugo Rivera y el gobernador Rohel Sánchez llegaron tarde a inspeccionar. Sí, las torrenteras debieron descolmatarse hace meses. Sí, los sistemas de drenaje son insuficientes. Sí, faltaron planes de evacuación claros. Todo eso es cierto y debe señalarse para que no se repita.

Pero ahora, con el agua todavía escurriendo por las calles, lo urgente no es buscar culpables sino ayudar a quienes lo perdieron todo.

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Porque hay familias que literalmente no tienen nada. El lodo se llevó sus muebles, sus electrodomésticos, su ropa, sus documentos.

Comerciantes pequeños vieron cómo el agua destruyó su inversión completa en cuestión de minutos. Gente que trabajó años para tener un negocio propio ahora tiene solo pérdidas y deudas.

Lo que sí podemos hacer

¿Qué podemos hacer como ciudadanos? Mucho más de lo que creemos.

Primero, donaciones inteligentes. No manden ropa vieja que no usarían ni ustedes. Las familias damnificadas necesitan dignidad, no caridad condescendiente. Ropa en buen estado, frazadas nuevas o limpias, artículos de higiene personal, alimentos no perecibles. Coordinar con los albergues habilitados en Yanahuara, Sachaca, Campo Ferial Cerro Juli para que las donaciones lleguen efectivamente.

Segundo, apoyo directo a negocios afectados. Si conocen algún comercio pequeño que fue golpeado por las inundaciones, compren allí cuando reabran. Esa clientela fiel puede ser la diferencia entre recuperarse o cerrar definitivamente.

Tercero, voluntariado físico. Hay familias que necesitan manos para sacar lodo, limpiar paredes, rescatar lo poco salvable. Las cuadrillas municipales no dan abasto. Organícense en grupos, lleven palas, escobas, baldes, y ayuden a limpiar. Una tarde de su tiempo puede significar días de adelanto para una familia destruida.

Cuarto, apoyo psicológico informal. Perder todo en minutos genera trauma. Muchas personas afectadas están en shock, especialmente ancianos y niños. A veces solo escuchar, acompañar, mostrar que no están solos, ayuda enormemente.

Quinto, presión para ayuda institucional efectiva. Que el gobernador Sánchez solicitó declaratoria de emergencia para toda la región es correcto. Que pidió 40 millones para 20 distritos es necesario. Pero nosotros debemos vigilar que esos recursos lleguen realmente a quien los necesita, no a bolsillos de funcionarios oportunistas.

El SENAMHI advierte que las lluvias continuarán hasta el finales de febrero. Esto no terminó. Más familias pueden verse afectadas en las próximas horas. La prevención ahora es ayudar a proteger zonas vulnerables: llevar sacos terreros, ayudar a evacuar a tiempo, alertar a vecinos en riesgo.

Arequipa demostró una vez más que cuando la tragedia golpea, los arequipeños respondemos. Vecinos ayudando a vecinos, rescatando gente de segundos pisos inundados, compartiendo lo poco que tienen.

Esa solidaridad no puede ser solo reactiva, debe convertirse en cultura permanente de prevención y apoyo mutuo.

Las autoridades fallarán, pero nosotros no podemos darnos ese lujo. Somos una ciudad de un millón de habitantes viviendo en zona de riesgo climático. O aprendemos a cuidarnos entre nosotros o seguiremos contando fallecidos cada temporada de lluvias.

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