Alma Matinal| Balada triste. Huía por el alfalfar tratando de esconderme de Virginia quien debía buscarnos a los demás ante el imperativo deber del juego. Teníamos entre 10 y 14 años. Éramos 4 hombres y dos mujeres. Adolescentes, confundidos entre la niñez y los descubrimientos de la piel tratando de que nuestra inocencia nunca se vaya.
Generando resumen...
Corrí lo más que pude perdiendo de vista a la chica que me perseguía. A lo lejos ninguna cabecita o cuerpo asomaba. Victorioso, descansé en un borde de pasto.
Y mientras miraba el celeste cielo apareció Virginia de un matorral con su risa coqueta y su faldita de colores. Me agarró los cabellos en un jaloneo vivaracho; entonces la voltee contra mí y nos dimos vueltas los dos cayendo en un pequeño montículo de hierba seca.
Sin querer, mis dedos descansaron en uno de sus …. y pensé que llamaría a su mamá y ahora si mi vida estaba en peligro. Sentí su mano derecha buscando mi… y su boca procurando la mía. Miré sus ojos brillantes y cerré los ojos esperando sus labios.
Era mi primer beso
Era mi primer beso. Había un cuartucho de un hombrecito que servía para la vigilancia nocturna y decidimos entrar para continuar con nuestra causa pero a lo lejos vimos como los demás chicos venían felices a dar su veredicto del juego.
Virginia tenía su hermana de 13 años y antes de irse a su casa me dio un papelito que decía: “Nos vemos mañana a las 5 en el casa abandonada”. Aquella noche no pude dormir pensando en esta revelación de mi cuerpo. Mis 14 años en plena fiebre, mi primer cigarrillo y ahora saber cómo era un beso.
Aquel día me bañé de punta a punta colocándome una loción de mi hermano mayor, una cepillada de dientes, desodorante para las axilas, un caramelo de menta. Me puse mi mejor pantalón y un polo de ocasiones especiales. Fui al lugar, salté el muro de la vieja casa.

Me puse tras la puerta del cuarto principal donde acordé esperarla. Estaba nervioso, ansioso por besarla de nuevo. Apareció con impecable vestido de colores, unas sandalias veraniegas y un perfume de manzana que estoy seguro era de su madre. Antes que reaccionara me dio un rico beso y brincando me dijo que la siguiera por otra habitación un poco más discreta. Puso su pierna derecha entre mis manos. Solo seguía mis instintos.
Mis dedos traviesamente acariciaban sus pequeños s… como limoncitos. Me comí su boca como había visto en las novelas. Extasiada, retrocede. (inocente y abatida).
Le dije que si con la condición que me mostrara su v…, y lo hice cerrando los ojos de pura timidez. Un rubor criminal apareció en su cara, una mirada que no era de placer sino de crueldad.
Pero la tarde cambió de tono
Me dijo que era feo pero le gustaba. Me tiró al suelo y continuó besándome. Sometido a ella esperaba con ansias mi primera vez. De pronto, unos pasos y alguien abre la puerta. Era su hermana. Vio a Virginia encima mío.
En ese momento vinieron a mí, todas las tragedias: su madre, una denuncia policial, mi familia. Entonces ella le dijo que no le avisaría a sus padres con la condición de que dejara que me besen. ¿era yo un pedazo de trapo tirado en el suelo sin voz?. Negociaron sobre mi cuerpo y no dije una palabra.
Era demasiado para mi adolescencia. Tenía la ropa húmeda. Ante esos púberes cuerpos y cerrando los ojos, eyaculé en la falda de Virginia ante el asombro de su hermana mayor.
Se acomodaron sus ropas. Salieron de la casa juguetonas, casi sin vergüenza. Ante la abominable llegada de la noche, yo deambulé distraído por unas callejuelas intentando volver a casa amparado en la oscuridad y la memoria impúdica de mi pecado martillando mi cabeza con las remembranzas de la tarde.
