Creo qué| Existen muchas formas de morir en vida. A veces el olvido es una manera. En otras, uno muere lentamente de pena. Una atroz que pasa pero se queda. Hace algunos días, el 7 de enero de hace cuatro décadas murió de pena el escritor Juan Rulfo.
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Nadie como él, que supo retratar con magistral arte las vicisitudes entre la vida, la muerte, la melancolía. La tristeza infinita de un hombre que nunca pudo superar la tristeza.
Pedro Páramo y El llano en llamas, los descubrí en mis tiempos universitarios, y comprendí como es que en estas 2 novelas se puede resumir tanto sobre la muerte y tanto o más sobre la vida que a veces nos consume tanto, que el olvido es la forma más triste de morir.
En estos días canículares, he vuelto a visitar las amarillentas páginas de Rulfo, y me sigo topando con su mirada tristísima. Esa mirada opaca que mezcla todo lo vivido. Todo lo que nos hace falta para ser felices.
Leer a Rulfo, es tratar de comprender sobre la delgada línea de muertos que hablan como en Comala, como sucede en la vida.
Diles que no me maten es uno de los mejores cuentos rulfianos , donde el grito desesperado de Justino, nos enfrenta a la soledad del campo, a la injusticia qué se hereda como una sombra y a ese miedo que te aprieta el pecho cuando sabes que el pasado…siempre vuelve.

Creo qué: la memoria, los muertos y el presente
Precisamente ese pasado que tanto nos en empeñamos en olvidar. Siempre vuelve y se nos inmiscuye por cualquier rendija de nuestro presente. Esa es la parte que no quisiera nunca recordar, pero los intentos son inútiles y seguimos adelante, porque los días no saben de penas o tristezas, como estos días en que escribo, sobre mi querido Rulfo.
En fin como dice la canción, que nadie sepa mi sufrir… Hay que seguir bregando, remando, porque la vida es como la muerte, es como los días que vamos afrontando, para seguir y buscar la forma de ser felices que al final de cuentas es la única forma de burlarse de la muerte. Disculpen las líneas sombrías, pero a veces nos vence el cansancio, pero a bregar y remar
No existe otra alternativa
Rulfo dijo que la melancolía con que nací nunca se fue. Tuvo razón.
Los muertos nunca se van del todo, vuelven, tocan la ventana, hablan, son parte del presente
La memoria como vida es una forma de prolongar la existencia, esa forma de diálogo qué nunca cesa. Esa pena que va y viene.
Hasta la próxima
