Por: Jorge Páucar
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LADO B.. Hace dos semanas acabo de estrenar un podcast en YouTube: Lado B, un programa que se me ocurrió justo después de la caída de Dina Boluarte, porque nada inspira más creatividad que un país en modo presidentes con fecha de vencimiento. Poco antes estuve a punto de lanzar otro espacio que, tentativamente, iba a llamarse La IA del Amor.
Como muchos saben, a mí me conocen como el Señor Corazón, así que los temas de pareja siempre me persiguen… más que mis exámenes médicos anuales (en los que ya me saludan por mi nombre… y por mi karma).
Todos tenemos nuestro Lado B, ese flanco secreto que escondemos como si fuera foto de DNI, esa donde uno parece prófugo o testigo protegido. Y dije: “Bueno, es hora de exponer mi faceta de entrevistador”.
Sobre todo, de conductor político, pero también explorando el lado humano de los candidatos… que es casi como buscar vida en Marte: uno no sabe si la va a encontrar, pero igual se lleva su camarita, su micrófono y su fe.
Ahora me levanto pensando en los personajes a entrevistar, los temas a tocar. Aunque el programa es semanal, igual es chamba. Y todo lo estoy haciendo solo: soy el productor, director y conductor, el que arma el set y el que recoge los cables. Se sufre, pero se goza.

Del diario a YouTube: rutinas, entrevistas y nuevas sorpresas de Lado B
Es esa adrenalina que no sentía desde que estaba en el diario… bueno, salvo cuando un jefe me escribía “¿podemos hablar?” a las 6 de la mañana. A esa hora yo no era periodista: era un alma en pena buscando señal.
Y mi director, por supuesto, siempre me encontraba, como si tuviera un GPS instalado en mis ojeras. Creo que, si apagara el celular, él igual encontraba cómo llamarme… por telepatía corporativa.
Y desde que estoy en Lado B, no les miento que recibo en mis redes más invitaciones que cuando abrían vacunatorios en pandemia. El otro día, una señora cerca de mi casa me preguntó si yo iba a orientar por quién votar, como si fuera una mezcla de Ipsos con tarot.
Otra señito también me dijo sonriente: “Te vi, te vi”, con esa mirada que uno no sabe si es admiración… o si está por pedirme que le entreviste al sobrino que quiere “ser influencer político”.
Y no exagero cuando digo que algunas ex —y amigas por las que yo suspiraba de joven— ahora le han dado hasta ‘me gusta’ a mi reel. ¡A mi reel! Si antes ni sabían que yo tenía cara sin filtro.
Mis amigos de promoción -los de la B, que además tienen su Lado B, C y hasta Z- a los que no les conté ni medio, igual se pasan los enlaces de mi programa. Sospecho que no para apoyarme, sino para rajar entre tragos: “mira al Páucar, ahora se cree periodista… otra vez”.
Y hoy me llegan más tarjetas de polladas e invitaciones a chocolatadas por Navidad que notificaciones de mi banco. Si supieran… que el único evento social que estoy atendiendo últimamente es mi propia ansiedad.
Ya empiezan a venir los candidatos. Algunos se resisten: cuando les digo que será sobre su Lado B, se asustan. ¡Horror! Mostrar su lado humano les da más miedo que perder un debate. Otros son unos flojonazos que quieren todo por Zoom. Con razón no pasan del 2 por ciento: ni se mueven para una entrevista, menos para una campaña.
Y tengo varios secretitos de algunos que están “arrugando” y ya ni me contestan el teléfono. Claro, ahora que cobrar 80 mil soles por ir en sus listas al Parlamento es tendencia, ya ni te conocen. Uno les escribe y responden con la misma pasión que un expediente archivado en mesa de partes.
Pero también están los entusiastas, los asertivos, los que se la juegan. Esos candidatos sí van a conseguir su objetivo, o al menos van a sudar por intentarlo. Igual, yo invito a todos.
Menos, a ‘Porky’… salvo que venga sano a mi programa y sin flagelarse en plena entrevista, porque ahí sí me rompe el trípode. Hasta la próxima semana…
