Por: Jorge Páucar
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Lado B…El País Casado con la Soltería: Soy soltero porque vacaron mi amor entre cumbia norteña y sanjuanito, disolvieron mi corazón por incapacidad sentimental crónica y, al final, archivaron mi caso por falta de pruebas de amor. Soy soltero no por elección, sino por obligación.
Soy soltero porque hace diez años, antes de la pandemia, el destino quiso que me entrenara en el distanciamiento social con el sexo opuesto. Y hasta ahora no me levantan la restricción.
Pero no soy el único. El RENIEC acaba de informar que el país vive en modo “yo por mi lado y tú por el tuyo”. Siete de cada diez peruanos están solteros. Es decir, veinte millones de peruanos prefieren la paz mental antes que compartir la contraseña del WiFi. Mientras tanto, Cupido anda sin ganas de flechar a nadie.
Nadie quiere perder su libertad. Recuerdo que, la última vez, una mujer me dijo que podíamos estar juntos, sí, pero que ni piense que podría entrar a su casa. Que seríamos pareja “de la puerta para afuera”. No quiso desayunos juntos, ni compartir películas o series de Netflix. “Estoy bien soltera”, afirmó.
Cuál habrá sido mi rostro de sorpresa que, al llegar a casa, Pelusa —mi shitzú con cara de terapeuta jubilada— me miró y movió su cabeza.
—¿Me creerás si te digo que la chica me permitió todo… menos entrar a su casa?
—Guau.
(“Eso no es relación, papito. Eso es delivery emocional”).
Me recosté en el sofá.
Pelusa se acomodó frente a mí, como si fuera a darme terapia grupal sin grupo.

La nueva cultura de la soltería y el veredicto de Pelusa
—Le gusto, Pelu… pero no quiere convivir con nadie.
La perrita emitió un gruñido incómodo.
—Guau.
(“Le gustas, sí. Pero también le gusta su paz. Y tú vienes con mucho ruido”).
Pelusa volvió a mirar la noticia.
—Guau.
(“Mira: más mujeres entre 15 y 49 están optando por la soltería. Y tú todavía quieres pasar a la sala sin pedir permiso”).
¿Y por qué ahora los peruanos prefieren vivir solteros?
Hay una nueva cultura: la que valora la autonomía, el tiempo propio, los sueños personales y la siesta sin interrupciones. Además, el amor a la peruana viene con sobrepeso emocional. La gente ya no quiere cargar a nadie: ni traumas, ni inseguridades. Amar cansa. Soltero cansa menos.
Otro aspecto: convivir es bonito… hasta que alguien respira fuerte o ronca.
Y está el asunto de siempre: el amor viene sin garantía y con efectos secundarios. Ansiedad. Insomnio. Sobredosis de WhatsApp.
Claro, está el dato que más explica todo: el 37.9% de quienes viven solos tienen mascota.
Ahí Pelusa se siente orgullosa. Ella me miró desde su sillón y soltó su veredicto final:
—Guau.
(“Papá… la gente no está eligiendo la soltería: está eligiendo sobrevivir. Y tú, por suerte, me elegiste a mí. Porque si esperabas que alguien te cure el corazón, ibas a terminar peor. Al menos yo cobro en cariño y no en lágrimas”).
Y sin más, bajó del sillón, bostezó, y mientras se acomodaba en su cama, remató:
—Guau.
(“Anda, descansa. El amor volverá cuando deje de hacerte daño… o cuando yo te dé el alta. Y eso, papito, va para largo”).
