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¿Y AHORA QUÉ?… El CILE en Arequipa: una oportunidad que no terminó de brillar

¿Y AHORA QUÉ?... El CILE en Arequipa: una oportunidad que no terminó de brillar, artículo de opinión de Sandra Bellido Urquizo.
¿Y AHORA QUÉ?... El CILE en Arequipa: una oportunidad que no terminó de brillar, artículo de opinión de Sandra Bellido Urquizo.

Por: Sandra Bellido Urquizo

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¿Y Ahora Qué?… Parece que el Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) en Arequipa no ha alcanzado la relevancia que se esperaba de un evento de tal magnitud. Lo que debía ser una celebración cultural de alto impacto (capaz de proyectar a la Ciudad Blanca como epicentro de la lengua y la literatura hispana) ha quedado reducido a una serie de actividades discretas, sin el brillo ni la trascendencia que marcaron ediciones anteriores.

Un reciente artículo del diario español El Mundo ha puesto en evidencia los problemas internos y los desencuentros entre los organizadores, que terminaron por opacar el evento.

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Según el medio, el CILE Arequipa se desarrolló entre ferias del libro modestas en la Plaza de Armas, algunas exposiciones fotográficas, presentaciones de libros y actuaciones de la Orquesta Sinfónica de Arequipa; actividades meritorias, sí, pero insuficientes para dejar una huella duradera en la ciudad o en la memoria de sus visitantes.

Basta recordar que, en otros congresos internacionales, como los celebrados en Cádiz, Rosario o Córdoba, las plazas y los teatros vibraron con conciertos de figuras como Joaquín Sabina, Fito Páez o Carlos Vives.

Eran eventos que no solo hablaban de la lengua, sino que la hacían sentir, vivir y cantar en cada rincón. En cambio, en Arequipa el congreso pareció transcurrir con más discreción que entusiasmo.

CILE Arequipa: Desencuentros entre organizadores y baja repercusión internacional

Uno de los factores más comentados por la prensa española ha sido el conflicto soterrado entre los coorganizadores: el Instituto Cervantes y la Real Academia Española (RAE). Lejos de mostrarse unidos en la promoción de la lengua común, ambos organismos parecieron competir por el protagonismo del evento.

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Un ejemplo simbólico de esta fractura se produjo durante un encuentro con periodistas españoles, cuando el ministro de Cultura de España, Ernest Urtasun, elogió abiertamente al director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, pero evitó mencionar a Santiago Muñoz Machado, director de la RAE. Días después, la Academia respondió con una actitud similar: reconocimiento al Cervantes, pero sin mención alguna al ministro ni a su institución.

¿Y AHORA QUÉ?... El CILE en Arequipa: una oportunidad que no terminó de brillar, artículo de opinión de Sandra Bellido Urquizo.
¿Y AHORA QUÉ?… El CILE en Arequipa: una oportunidad que no terminó de brillar, artículo de opinión de Sandra Bellido Urquizo.

Este intercambio de gestos (aparentemente menores) fue interpretado como una muestra del distanciamiento entre ambos líderes, quienes, según El Mundo, ni siquiera asistieron a la clausura del congreso, confirmando la ruptura de puentes institucionales.

Otro aspecto que ha restado brillo al CILE Arequipa fue la baja asistencia en comparación con ediciones anteriores. Ni la presencia de destacadas figuras del ámbito literario ni la majestuosidad arquitectónica de Arequipa fueron suficientes para atraer el interés masivo que suelen despertar estos congresos.

La falta de visitantes internacionales y de actividades paralelas de gran escala repercutió directamente en la notoriedad del evento, que pasó casi inadvertido para buena parte de la opinión pública peruana.

A ello se sumó el tenso contexto político y social que atraviesa el país. Las marchas y protestas en diversas regiones del Perú acapararon la atención mediática nacional e internacional, restando protagonismo al congreso.

Las noticias que circularon en el extranjero no solo hablaban de la lengua española, sino también de los conflictos sociales y del descontento ciudadano, eclipsando.

El clima político también dejó escenas que no pasaron desapercibidas. La congresista Susel Paredes, presidenta de la Comisión de Cultura del Parlamento, saludó por la mañana al rey de España, Felipe VI, durante la inauguración del congreso.

Sin embargo, horas más tarde fue vista participando en una marcha de protesta en las calles de Arequipa, en una actitud que muchos calificaron de contradictoria e incluso hipócrita.

Mientras el país buscaba mostrarse como un anfitrión capaz de organizar un evento cultural de primer nivel, gestos como este transmitieron una imagen de desorden y falta de coherencia institucional.

El Congreso Internacional de la Lengua Española en Arequipa debía ser una oportunidad histórica para consolidar a la ciudad como capital cultural del sur del continente. Sin embargo, la suma de conflictos políticos, desencuentros organizativos y un contexto nacional desfavorable terminó diluyendo su impacto.

Aun así, la experiencia deja una lección valiosa: los grandes eventos culturales no se sostienen solo con discursos y nombres ilustres. Requieren planificación, unidad y visión compartida.

Arequipa, con su historia, su patrimonio y su espíritu literario, merecía un congreso a su altura. Ojalá que la próxima vez, cuando el español vuelva a reunir a sus voces en torno a una ciudad, se logre el verdadero objetivo: celebrar juntos lo que nos une, más allá de lo que nos divide.

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