La captura del sentenciado Edwin Alfredo Apaza Trocagua, de 36 años, se concretó el martes 29 de septiembre de 2025, alrededor de las 14:00 horas, en inmediaciones de la Avenida Los Colonizadores en El Pedregal en Arequipa. Este individuo fue detenido por el grave delito de actos contra el pudor en menores y violación de menor en grado de tentativa, un crimen por el cual fue sentenciado a una drástica condena de 35 años de pena privativa de la libertad.
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La intervención fue ejecutada por personal de la Policía Nacional del Perú del área de Requisitorias. El operativo se desplegó tras una ardua labor de inteligencia y un seguimiento meticuloso, que permitió localizar al prófugo en la mencionada zona.
El individuo era buscado por el cuarto juzgado de investigación preparatoria sub especializado en delitos asociados a la violencia contra las mujeres e integrantes del grupo familiar de Arequipa, la entidad judicial que dictó la condena en su contra. Con esta captura, se asegura el cumplimiento de la sentencia firme de más de tres décadas.
Sentenciado: Abuso y cuatro años de coacción
Los antecedentes del caso se remontan a mediados del año 2015. En aquel tiempo, la menor agraviada, identificada como Ailen, tenía apenas 5 años de edad. El sentenciado, Edwin Apaza Trocagua, era el conviviente de la progenitora de la niña, una situación de confianza que facilitó la comisión de los actos delictivos.
Los hechos se desencadenaron cuando Apaza Trocagua aprovechó la ausencia de la madre de la menor en la vivienda. Se dirigió a la niña y le dijo que su mamá lo había enviado para que “juegue con ella”, asegurándole que el juego le iba a gustar. Cuando la niña intentó ir por sus juguetes, el agresor la agarró de la cintura, la llevó a su cama donde la tocó indebidamente.
Para asegurar el silencio y la impunidad, el sujeto le tapó la boca a la víctima y le dijo que no le cuente nada a su mamá. Esta situación de abuso y amenaza se prolongó por el lapso de cuatro años.
El sujeto usó la violencia física para mantener el silencio, ya que cada vez que la menor intentaba decir algo a su madre, este la golpeaba con la correa. Ante la madre, justificaba la agresión diciendo que le pegaba “por mentirosa y por portarse mal”. La víctima, por temor a seguir siendo golpeada, optó por mantener el silencio durante el periodo que duró el abuso.
Finalmente, la menor tomó valor y le contó lo sucedido a su madre, hecho que desencadenó la respectiva denuncia y el posterior proceso judicial que culminó con la condena de treinta y cinco años de prisión efectiva.
