Por: Sarko Medina Hinojosa
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Cordillera de Palabras… ¿A qué edad te enteraste que la frase parafraseada “El lujo es vulgaridad” la dijo Jorge Luis Borges pero parece que se la copió a su mentado doppelganger Bioy Casares? Y para nada es del Indio Solari, vocalista de Los Redonditos de Ricota, línea contenida en “Un poco de amor francés”.
Vamos por lo primero. La canción salió en 1991 en “La mosca y la sopa”, y el verso es: “El lujo es vulgaridad, dijo y me conquistó” pero la frase ya había aparecido en una entrevista que Vargas Llosa le hizo a Borges en 1981. Cuando el peruano le preguntó al argentino sobre sus condiciones modestas de vida, Jorge Luis respondió: “El lujo me parece una vulgaridad”.
¿Borges inspiró al Indio? ¿Fue casualidad? Lo cierto es que ninguno de los dos la inventó en conciencia. La frase original aparece en “Clave para un amor” de Bioy Casares (1954): “En todo lujo palpita un íntimo soplo de vulgaridad”. Y Borges ya la había usado en “Utopía de un hombre que está cansado” (1975).
El lujo en la literatura y la lectura como derecho
Como en “Ficciones”, parece que hasta las entrevistas tienen su dosis de ficción literaria. Los escritores se citan, se inspiran, se roban ideas sin saberlo. Es el juego eterno de la literatura. Y luego la música que hace eco de eso. Repito, mil veces para que lo comprendamos y nos maravillemos: el arte consume arte y engendra arte.
Pero lo interesante es otra cosa: hoy la lectura se ha vuelto un lujo. Los libros cuestan una fortuna, las editoriales grandes promocionan solo a sus escritores estrella que copan festivales y ferias, mientras los independientes apenas aparecen. Algunos autores sueñan con pertenecer al círculo dorado, esperando que les inviten un cigarro y les hablen desde el olimpo de la argolla literaria. Pero para eso hay que esperar sentado, dicen, hasta que haya cupo gracias a la parca.

La lectura es un derecho, no un lujo. Y los escritores, por más Nobel que tengan, son eso: escritores. No socialités, no gurúes, no semidioses. Vargas Llosa, al final de su vida, traicionó sus propios escritos sobre “La civilización del espectáculo” convirtiéndose en espectáculo él mismo. En la recta final parece que reculó y se tiró del crucero, salvado por sus propios hijos y ex esposa Patricia.
El lujo sí es vulgaridad en literatura. Especialmente cuando se vuelve barrera para que otros accedan a los libros o cuando convierte a los escritores en figuras inalcanzables. La buena literatura no necesita escenografía millonaria ni marketing de lujo. Necesita solo palabras honestas y lectores hambrientos de historias.
Como diría Borges (o Bioy, o el Indio) si me permiten que les ponga palabras en las geniales bocas: el verdadero lujo está en las ideas, no en las apariencias.
Dejo a continuación la transcripción que hiciera Mario en su libro “Medio siglo con Borges”, de la entrevista que le hiciera al argentino y que le ganó el mote de “agente inmobiliario” que le puso Borges, porque al parecer andaba más preocupado en su pequeña casa con goteras que en otra cosa:
Mario Vargas Llosa: Pero ¿no hay una nostalgia en usted de cosas no hechas por haber dedicado tanto tiempo a la vida puramente intelectual?
Jorge Luis Borges: Creo que no. Creo que a la larga uno vive esencialmente todas las cosas y lo importante no son las experiencias, sino lo que uno hace con ellas.
MVLL: Supongo que eso le ha dado un gran desprendimiento por las cosas materiales. Uno lo descubre al llegar a su casa. Vive usted prácticamente como un monje, su casa es de una enorme austeridad, su dormitorio parece la celda de un trapense, realmente es de una sobriedad extraordinaria.
