Por Wilfredo Mendoza Rosado
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Creo Que… Aunque le conté a una persona muy especial, sobre este artículo. La verdad, sabía lo que quería tratar en estas líneas. Aunque no tenía el hilo conductor, que me permitiera hilvanar las palabras. En medio de un texto, de la escritora argentina, Mariana Enríquez, sobre sus excesos en sexo , drogas y todo tipo de lecturas, me topé con esta hermosa frase: La belleza de las ruinas.
De ruinas vamos a contar. Hace muchos años. Tendría 15 abriles. Con varios amigos, inhalamos terokal. “Vamos a volar”, dijo M. La verdad no volé, me estrellé. Nunca más lo probé, fue más el miedo a que mi vieja, me masacre, al “gusto” de volar, que no es sino la forma de evadir la realidad.
En ese contexto, el último fin de semana, con mis bebés Ale y Vale, vi la película Beautiful Boy: siempre serás mi hijo. Un buen filme, que trata sobre Nic, que prueba todas las drogas posibles, hasta las imposibles. La lucha de David, su padre, para ayudarlo a salir de esas ruinas. Mejor veánla.
Mi amigo M. siguió con pastillas y algo más que terokal. Nos fuimos alejando, él a su abismo y yo bifurcando por el mío. A los años, como aprendiz de periodista, un día cualquiera, mientras trataba de preparar un artículo, con mas torpeza y entusiasmo, que retratase el mundo de los “olvidados de Dios” (como lo señaló el escritor Truman Capote) a los “locos”. Me encontré con M, en el pabellón de Psiquiatría del hospital Honorio Delgado.
Nos reconocimos. El abrazo fue postergado. “Es drogadicto”, me dijo una enfermera. Desde hace años, cada cierto tiempo, nos cruzamos, Una mirada fugaz y él se queda en su desvarío Yo, recuerdo la belleza de las ruinas.

Creo Que.. Trato de sostenerme en mi eterna locura
El paraíso que vivimos, cuando éramos jóvenes. El en su extravío. Mientras trato de sostenerme en mi eterna locura, para vivir de las palabras, que digan algo más de mis ruinas que de las suyas.
El mismo domingo, que vi la película, me crucé nuevamente con M. Y me volví a enredar en mis recuerdos, no creo que en los suyos. ¿ Cómo es que uno puede extraviarse con un gusto pasajero, como son las drogas o el alcohol? No soy experto, supongo que su disuelta familia, fue el detonante.
Mi madre, como hasta hoy, me sigue reprendiendo y llamando la atención, de vez en cuando. Es la mejor medicina.
Poco puedo escribir, sobre las ruinas de mi amigo M. Nunca he probado algo más que el lejano y antiguo terokal de mi juventud. Opté, por otros caminos, Tampoco, puedo dar un consejo. Lo único que puedo añadir, sobre todo a quienes, como este escriba tienen hijos. Y como le dije a esa persona especial: mucho cuidado y estar alertas, como hizo mi madre, hace tantos almanaques. Las ruinas no siempre son belleza.
Además me parece mal corregir el tiempo, los recuerdos le pertenecen veces a nadie. Ellos son de cuando era más joven, qué es una persona diferente. Hasta la próxima
