Por Wilfredo Mendoza Rosado
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CREO QUE... Estimados amigos, vaya este artículo, describiendo dos escenas reales, no inventadas. Primero, transcurría por los alrededores del cada vez más deteriorado, Parque España ( frente al Poder Judicial) , cuando me percaté del otrora Auxiliar de Educación, de mi colegio. Caminaba rengueando, apoyado en un bastón. Quise saludarlo, pero la presencia de su esposa, lo impidió. Su nombre no interesa.
Del joven auxiliar que conocí, severo hasta el extremo, con su palmeta en mano y toda su antigua autoridad. No quedaba nada. Hoy, es un anciano desvalido, con la mirada perdida. Incapaz de caminar solo, producto de los años , que pesan y como le pesan. Al final del camino.
Segundo, abordé el bus en medio de calor canicular. A mi espalda, una señora cuarentona, hablaba con su hermana (lo dijo). El tema era su madre y la suerte de acciones, producto de su vejez, “y que cada vez molesta más y más ” (sus palabras). Toda una queja pública . Al final del camino.
No tengo, la bolita mágica, para adivinar mi futura vejez. No sé, si iré, como pidiendo permiso al tiempo fugaz… Menos sospecho, si acabaré convertido, en ese ”objeto inservible”, al cual muchas veces nos condenan, los hijos, para ser directos. Cada futuro es distinto, como distintos somos en la vida real.
He visto, más de una vez, que los jóvenes de hoy, viven como si nunca fueran a llegar a la vejez. Todavía añoro, cuando en el bus, subía una persona mayor sino un anciano, y más de uno, cedíamos el asiento. Era una cuestión de educación familiar. La madre, decía y su palabra era ley. Sin dudas ni murmuraciones. Al final del camino.

CREO QUE.. La vejez no es triste porque cesen nuestras alegrías
“La vejez no es triste porque cesen nuestras alegrías, sino porque terminan nuestras esperanzas.” A estas alturas, no voy a caer en el sanbenito de que todo tiempo pasado fue mejor.
Solo tratar de aprender que llegar a viejos, es el camino inevitable. Y, que los hijos, comprendan, que igual ellos llegarán al mismo lugar, aunque diferente sea el camino. Siempre digo, trata de la misma forma que quieres que traten. Ni más ni menos.
Reitero, no tengo, la menor idea como es que llegaré al final del camino. Si, como mi antiguo Auxiliar, con la mirada extraviada en el tiempo o como la madre “inservible”. Veremos que pasa.
Por lo pronto, voy tratando de guardar tanto como pueda minutos de felicidad y cariño, para que cuando hagan falta, utilizarlos tanto como pueda. Antes que sea el final del camino. Y, un poco de felicidad que siempre es buena. Antes que todo acabe, como es tu destino y el mío. Hasta la próxima.
